En esta mañana, nos levantamos antes y con más prisa porque teníamos un cometido: ir a por entradas para el show de David Letterman. Así que nos dimos prisa, mucha prisa y fuimos antes de clase. Nos atendieron, dimos nuestros datos y nos explicaron en que consistía todo. Resulta que era por sorteo y para que pudiésemos entrar nos debían de llamar al móvil para informarnos de que teníamos sitio. Al final no nos llamaron, por lo tanto no, pero bueno, al menos se intentó. Esa misma mañana más de lo mismo. Clase. Eso si, esta vez ya eramos por fin la clase de siempre y no el conjunto de personas que eramos ayer, ya eramos menos y todo era más ameno y menos cargado.
Vista a esta gran señora fuimos al museo de la inmigración. El museo estaba construido sobre el puerto de desembarco de inmigrantes, allí donde llegaban ellos. Veías cosas bastantes duras, como por ejemplo, cuando entraban habían 3 escalera separadas por muros. 1 para el ferry, 1 para el tren y 1 para las detenciones. En esas escaleras se separaban las familias y amigos y quizás no volvían a verse. O por ejemplo, algo que más o menos se sigue haciendo ahora, que es que al no saber el idioma los estadounidenses les obligaban a firmar contratos de trabajo inhumanos y así podían explotarlos.
Dejamos el museo y el ferry y fuimos en dirección norte a ver el edificio de friends donde vinieron las oportunas fotos y demás. Nos costó encontrarlo, así que se nos hizo un poquito tarde, y sólo pudimos pasar por la AppleStore de SoHo. Muy chula, por cierto, pero yo veo que me quedo sin ver el cubo de cristal de la de Central Park.
Después de eso, a casa y a descansar, ha sido un día largo.

